CAPT IV El camino de la serpiente


El día era gris y el viento se encontraba callado, mientras Naruto y Sakura continuaban recorriendo la ruta sugerida por la Quinta Hokage, días atrás durante la confirmación de misión. Un aire de lluvia rodeaba el ambiente y Sakura no podía dejar de mostrar en su rostro, signos de una preocupación creciente.

– Sakura-chan, ¿sucede algo?
– No es nada, solamente no puedo evitar sentir que alguien nos observa ocultando su presencia en este ambiente solitario.
– ¿De qué hablas? Si yo me siento muy… AHHHHHHHHHH SAAAAKUUUURA-CHAN…

Sin darse cuenta, Naruto piso una trampa para animales, la cual consistía en un profundo hoyo que se abría en la tierra unos cuatro metros. Sakura lo notó sin problemas, pero su compañero se encontraba realmente distraído como para ver el camino que tenían en frente.

– ¡Heeeeey Naaaaaaaaruto! ¿Estás bien? Mira que para caer en esto… un jounin… (“me recuerda a Kakashi-sensei” pensó para si la ofuscada shinobi)
– ¡Deja de regañarme y lánzame una cuerda, Sakuuuuuura-chan!

Mientras Sakura revisaba su mochila, súbitamente se vio rodeada por un grupo de hombres armados con arcos y espadas, guiados por un sonriente e irónico joven, el cual les advirtió:

– ¿Extranjeros? ¿Shinobi? Se supone que deberían evadir estas tonterías con facilidad, ¡uummm!

Diciendo esto y ante la mirada tranquila de Sakura, el joven ordenó a su regimiento de seguidores socorrer al par de ninjas de Konoha, atar sus brazos y tapar sus ojos para ser escoltados a su villa oculta. Mientras caminaban, Sakura susurro rápidamente a Naruto, aprovechando un descuido de sus custodios:

– No vayas a estropear la situación, dejemos que nos lleven a su líder. Sea como sea, ese es nuestro propósito.
– “Ah, no tienes que repetirlo Sakura-chan” le respondió Naruto, dejando ir una leve mueca de confianza.

Al llegar a su destino, ambos fueron desatados y sus ojos finalmente contemplaron la luz otra vez. En el momento en que les era devuelta la vista y revisaban las muñecas de sus manos, una voz experimentada les dijo:

– Mi nombre es Kimu, soy el anciano regente de esta villa.

Mientras el antiguo hombre decía estas palabras, Sakura se arrodilló utilizando una pierna y con su brazo izquierdo, inclinó la cabeza de Naruto. Con un aire de diplomacia, se dirigió así al anciano, que lucía ropas decoradas con motivos de árboles y nubes, tejidos cuidadosamente:

– Kimu-sama, somos shinobis de la aldea oculta de Konoha; venimos en paz a cumplir una misión de búsqueda y solicitamos su valiosa ayuda… por favor, díganos cómo encontrar la Caverna Sin Retorno, descrita en pergaminos antiguos…
– “¿La Caverna Sin Retorno? ¡Ese no es lugar para una pareja de amantes!” dijo el anciano, aprovechando para inhalar un poco de humo de la pipa que sostenía en su mano derecha y reír alegremente frente a los sorprendidos ninjas del país del fuego.
– “Kikiki… kimu-sama” dijo Sakura mientras la piel de su cara se volvía tan roja como el traje que llevaba puesto. Naruto en cambio, mantenía una muy discreta sonrisa de satisfacción, como si aquel viejo fuese un oráculo de un destino esperado.
– Han de saber que ese es uno los secretos más resguardados de nuestros antepasados y por ende, espero escuchar razones de suficiente peso para aceptar su solicitud.

Luego de que se les invitará a sentarse en una gran mesa redonda con forma de un gran olmo, Sakura explicó lo más detalladamente posible el motivo de su visita al líder de la Villa Oculta del Bosque. Éste, luego de meditarlo un buen rato, y habiendo consultado con el resto de antiguos guerreros y noveles entrenadores que le rodeaban, ordenó sin albergar cuestionamiento alguno:

– Hemos de ayudarlos como sea posible. El lugar que buscan se encuentra en lo profundo del bosque que rodea nuestros muros. Primero deben seguir el Río de las Tres Serpientes, el cual les llevará a la cascada del mismo nombre. Es una caída temible, de más de setecientos metros de altura, solamente comparable con la belleza y el poder de su sonido. Al seguirla, hallarán también la entrada del sitio que se han propuesto alcanzar.

Con estas palabras, Kimu se retiró de la habitación, seguido de todos los miembros de su consejo, exceptuando uno; el mismo joven de mirada profunda que ordenó la captura en la emboscada horas atrás. Contemplo a Naruto y Sakura por unos instantes, y sin que una sola oración de su boca les diera una pista del por qué aquella actitud, dio media vuelta y se marchó pausadamente.

– Sakura-chan… no confío en él. Sus ojos me recuerdan la mirada de aquellos que han sufrido y ahora no toleran a quienes les rodean, como…
– “¡Suficiente Naruto! No tienes que decirlo, te ruego. Vamos, es hora de encontrar ese río” le interrumpió Sakura, mientras fijaba su mirar hacia un costado para disimular la pena que ella también sentía.

Durante el recorrido, Naruto seguía pintando en su mente aquellos ojos gobernados por odio y el vacío, como si no fuese la primera vez que sintiera tanto frío en un alma ajena. Su atención no estaba puesta en el frente, se enfocaba en el suelo, al mismo tiempo que seguía con confianza (y un poco de costumbre) los pasos de Sakura. La espesa reunión de árboles y maleza les mantuvo un paso lento, hasta que al final divisaron un gran río de aguas presurosas y cristalinas.

Sin sentir ninguna duda, Naruto y Sakura siguieron el sendero del río hasta llegar a la cúspide de la cascada mencionada por el jefe de la Villa. Su descenso era majestuoso y se encontraba dividido por dos salientes de roca de gran envergadura, las que le separaban y obligaban a saltar en tres caídas hasta el fondo (de ahí el nombre “Río de las Tres Serpientes”). Naruto sintió gran alegría al ver aquel espectáculo y casi por reflejo, optó por sujetar a Sakura de la mano firmemente, como si quisiera que ella sintiese su palpitar, a lo que ella correspondió con un rostro alegre y un suspiro de tranquilidad. En forma sorpresiva y sin mucho tiempo para reaccionar, un par de olas formadas con chacra surgieron del río, obligando al par de sorprendidos ninjas a separarse con un salto hacia atrás. Mientras los dos se mantenían alerta con un kunai sujetado en cada una de sus manos, una silueta se aproximó lentamente caminando en medio de la corriente, y con un tono de ironía, empezó este encuentro inusitado:

– Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Un par de tortolitos jugando al ninja en un día de campo.
– “Bastardo, ¿quién eres, qué deseas de nosotros?” le replicó Naruto con la mirada aún tranquila y una voz modulada.
– “Morino… Morino Kenji, si les interesa mi nombre” respondió el despreocupado agresor. “Pero de nada les sirve conocer la identidad de su asesino, ¿o si?” agregó el hombre, que se encontraba vestido totalmente de negro, llevando un par de armas en forma de hoz, sujetas a la espalda y unidas a su respectivo mango mediante cadenas. Un tatuaje semejante a una serpiente le recorría los brazos, empezando en una mano y finalizando en la parte superior de la otra, mientras que una bufanda le envolvía la cara bajo la nariz, como si se tratara de una máscara.
– “¿Kenji-san?” le respondió Sakura. “No te conocemos, ¿por qué nos atacas de esa forma?, ¿cuál es tu objetivo?”
– ¡Ahh, muy impresionante, como buenos shibonis de Konoha, intentan obtener información del enemigo en todo momento! Pues bien, les enseñaré algo sobre mí… ¡yo odio a Konoha y todo lo que representa, prepárense para morir ahora!

Mientras aquel insultante enemigo les revelaba esto, Naruto notó que no portaba ningún tipo de protector; le miro de reojo, desde los pies hasta su oscuro y recortado cabello, pero no pudo ver señas de alguna villa o algo similar que le diese una pista de donde podía proceder aquel nuevo peligro.

Kenji no tardó en empezar su movimiento, y formando más de diez sellos con sus manos, enfocó su chacra y exclamó:

– Suiton: ¡Daibakufu no Jutsu (Arte de agua: técnica de la gran cascada)!

Con esto, el río pareció devolverse, separándose en dos grandes remolinos de impresionante velocidad, los cuales golpearon con fuerza a Naruto y Sakura, quienes cayeron pesadamente al piso, hundiéndose en el lodo que rodeaba al río. Kenji sonrió nuevamente y en menos de un segundo, apareció a cincuenta metros de distancia, mientras sujetaba en el aire una esfera de agua.

– “¡Más impresionante aún, mi amigo Naruto-san! Me pregunto como hiciste para ordenar a una de las dos copias que hiciste de tu apestoso ser el convertirse con tal rapidez en una réplica de tu linda compañerita… en fin, eso ya no importa, lamento anunciarte que no la volverás a escuchar viva, así que ve reuniendo sus recuerdos desde ahora…” dijo Kenji a Naruto, el cual seguía escondido detrás de un árbol cercano.

Aún mientras escuchaba las palabras de Kenji, Naruto recorría con sus ojos el brazo que este mantenía extendido. Al final, dentro de la esfera de agua que mantenía inmóvil, se encontraba lo más importante de sus días y el motivo que le mantenía vivo. Aquella Sakura que ahora sólo podía intentar en vano reunir chacra en uno de sus puños para romper la prisión que le ahogaba lentamente.

Con aún más desprecio, Kenji agregó: “Imposible, imposible, niñita… también me pregunto, ¿que será más importante para tu miserable existencia, mi apreciado Naruto-san?… ¿esta chica que está agonizante o este interesante pedazo de papel que llevaba en su mochila?” El pergamino de la Villa de la Arena se encontraba ahora en la otra mano de un curioso y muy cínico personaje.

Naruto trajo a la mente muchos recuerdos y por un momento, se dejo llevar por la confusión. Su mente se debatía entre el deber y las emociones, pero el tiempo le había enseñado que la desesperación sólo conduce al error. Amarrando con fuerza el protector de su frente y levantando la vista fijamente hacia Sakura (no hacia Kenji), dijo en voz alta:

– Heey Kenji, parece que sabes nuestros nombres, yo también me pregunto algo ¿sabes lo que significa ser un shinobi?
– “¿Acaso hablas de esa basura de cumplir con tu misión a todo costo?” le respondió Kenji, con una expresión llena de ira y resentimiento…
– “Te equivocas, ¡ser un shinobi es no abandonar jamás a tus compañeros… SAAAKUUURA!” agregó Naruto, en el mismo instante que su chacra inundaba el ambiente más que el propio río.

“Konoha no Ougi: ¡¡¡¡¡Ichi Man Nin Kage Bunshin no Jutsu!!!!! (Arte secreto de Konoha: Técnica de las diez mil réplicas de sombra)” gritó una voz en medio del bosque, la cuál terminó zumbando en el viento, como un coro de diez mil corazones listos para dar la vida en cualquier momento…

  1. LINDO LINDO LINDO ESTA MUY PADRE

  2. Gaara ………..
    EL KINTU !!!!!!!!!!!!!!
    ya taba wenu ants como q ahora ta mejor
    eske …..
    gaara cuando ue gande ye mu wapin no ????
    q riku !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  3. lo hiciste vos solo?, porque esta muy bueno, lo digo enserio.

  4. te felicito eres 100porciento narutista como yo

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